Contradicciones Educativas versus la Educación Inclusiva (una cuestión de amor)

Vengo llegando de compartir con amigos de Perú, conociendo de su realidad en torno a la Diversidad en el Espectro Autista (DEA) y a la Diversidad Funcional en general, veo que aunque existen “leyes especiales”, estas no pasan de ser un simple saludo de intenciones que no han tenido un efecto real ni concreto en la vida de las personas diversas, una triste realidad que se repite en todos los países que he podido conocer directa o indirectamente respecto a lo inútil que se han vuelto las leyes y convenciones firmadas por los estados que “protegen los derechos de las personas discapacitadas” pues sólo quedan en la firma, en la fotografía y después viene un gran silencio, sin presupuesto, sin orgánica y sin preparación para que la sociedad este educada en estos derechos. Día a día voy descubriendo que los grandes avances que se han logrado han sido lejos de estos marcos legales y estatales, más bien han sido producto de personas, de seres humanos que han aprendido, valorado y creído en la inclusión de las personas en diversidad funcional, lamentablemente estos casos son los menores y siempre han dependido de una palabra y una actitud esencial “la voluntad”.

¿La Educación un elemento para incluir o para excluir?

Pensando en este análisis de “la voluntad”, es que llegué a imaginar una educación con voluntad de incluir y comencé a imaginar esa idea, pero de pronto me encontré con una realidad que es inherente a la misma idea de educar o enseñar bajo la realidad que vivimos. En los siglos de la historia humana se ha demostrado que siempre han existido grupos que se han adueñado del conocimiento, ya sea del conocimiento de las materias de la ciencia y la lengua como así mismo de las religiosas, está claro que en tiempos pretéritos y no muy lejanos tampoco, el acceso a aprender a leer y escribir no era para todos, la historia cuenta como la ignorancia fue un aliado de muchos que ostentaron poder material o espiritual sobre personas que no tenían herramientas para emitir un juicio adecuado por su limitado acceso a las cosas escritas. En ese entonces la educación no era un derecho sino que un privilegio y un privilegio de pocos.

Actualmente vivimos en una sociedad de derechos, en que la educación después del esfuerzo y trabajo de muchas personas que creían en lo importante del proceso educativo para cada ser humano se convirtió en un derecho innegable. Las sociedades en el lado occidental del hemisferio principalmente han desarrollado programas de educación para todos (algunos más avanzados que otros), pero lamentablemente se han ido creando brechas educativas ya que se ha dado espacios a que la educación, aunque accesible para todos, no sea la misma de acuerdo al matiz bajo el cual se levanta y aunque algunos piensen que estoy haciendo una referencia con un interés político, es claro que existen tipos y tipos de educación, los estados han abierto la puerta a proyectos educativos levantados por particulares (iglesias, corporaciones, fundaciones y hasta personas naturales en algunos países) que en algunos casos han colaborado en cobertura para algunas partes de la población, pero en otros casos han visto la forma en que la educación se transforma en un elemento diferenciador, al que algunos tendrán acceso de acuerdo a sus posibles potenciales intelectuales y/o económicos.

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El derecho a la educación se ha vuelto un valor que no se cuestiona, nadie podría negar la educación a un niño o niña, pero como todo sistema va creando sus propios vicios, siempre existe la naturaleza humana de poder imprimir una diferencia, algo más, algo que me sirva como un diferencial ante los demás y así día a día van naciendo diferentes programas educativos que intentan invitar a los padres a creer que bajo este proceso se lograrán mejores y mayores resultados académicos, pues el objetivo final de la educación sin notarlo lo hemos convertido en tener al mejor estudiante, al mejor egresado que tenga éxito en el mundo “profesional-laboral”, es decir se han ido creando tipos de educación que en la medida que tienes la capacidad de acceder a ellas tendrás mayores y mejores posibilidades de “éxito”,  es cuando entonces empiezas a darte cuenta de que si bien hay educación para todos, no es la misma educación, pues los matices vienen dados por tu capacidad de poder pagarla o ser un potencial alumno exitoso, que a la larga será un beneficio para la institución que te educa. Entonces la mirada de la educación actual es en esencia un elemento de diferenciación, una forma de prepararte mejor que otros, una forma de volverte “exclusivo”. Los grandes movimientos sociales en torno a la educación ya no buscan prácticamente el acceso a la educación sino que más bien buscan que la educación sea de la misma calidad para todos y que no sea un tema de élites sociales las que puedan tener mejor educación, pues nos mantendríamos en el mismo mundo antiguo de los que saben leer y los analfabetos. Así sin darnos cuenta caemos en el juego de ver los procesos educativos como una carrera, una lucha, una competencia basada en resultados académicos y así la educación se vuelve un elemento más y más excluyente.

Los que siguen sin derecho a educarse

He hecho esta introducción de los sistemas de educación excluyentes afirmando que “el derecho a la educación se ha vuelto un valor que no se cuestiona”, pero fue una mentira intencional y voluntaria, pues así puedo hacer más visible el hecho de que aún existen personas que no tienen ese derecho, que aunque las luchas en el plano educativo han derivado a una cuestión de igualdad y calidad, en nuestros países existen niños, niñas, jóvenes y adultos que no tienen acceso a un aula, a profesores, a recreos ni a una escuela. Ante tu posible asombro te puedo informar que los niños que denominan injustamente con “NEE” viven a diario la vulneración de su derecho a educarse, pues esta educación excluyente y exclusiva no los ve como materia prima aceptable para el tipo de “egresado” que se desea, ya que las posibilidades de éxito son bajas en su sesgado juicio y es así que tenemos a niños que se vuelven la escoria del sistema escolar, que en muchos casos “mendigan” un cupo en una escuela o la misma escuela les hace sentir a los padres que se les hace un “favor” al recibir e invertir tiempo en educar a su hijo o hija. La educación que actualmente generamos los ha dejado fuera y es entonces cuando debo hacer la pregunta que muchos ya antes se han hecho ¿porqué educamos? Sin lugar a dudas existirá más de una respuesta a esta pregunta, con matices académicos y éticos diferentes, pero bajo mi punto de vista creo que las respuestas acertadas siempre serán aquellas en que el elemento afectivo cumpla y cubra gran parte de nuestra definición del porqué educamos.
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Educar un acto de amor, incluir una consecuencia de amar

Cuando conversamos de procesos educativos integrales, por lo general hablamos de estrategias educativas, materiales didácticos, currículos especiales, planificaciones y de una serie de elementos estructurales de estos, pero tarde o temprano nos vamos dando cuenta que los resultados están íntimamente relacionados con el matiz emotivo bajo el cual se ordenan y entregan estos elementos a los alumnos, cuando se entiende la educación como un acto de amor es que vemos que la estrategia educativa, que el currículo y los otros elementos empiezan a tener sentido y un resultado, pues observamos bajo el compromiso emocional con lo que enseñamos y con quienes educamos, visualizando personas que requieren de sus maestros no sólo conocimientos sino que también afecto. Hay algunos que usan el juego de palabras de que la Educación EFECTIVA es la Educación AFECTIVA o que la la Educación AFECTIVA es la Educación EFECTIVA para poder desarrollar los conceptos ligados a la Educación Afectiva. A modo personal es extraño tener que hablar de esto, pues en esencia educar bajo mi perspectiva debe tener como base el amor, es como tener que enseñarle a una madre que ame a su hijo, eso en la gran mayoría de los casos es algo inherente, así de ligados la educación y el amor deben forjar proyectos educativos, pues si existiese real conciencia de este tipo de educación la inclusión de todos los niños sería un tema irrelevante, pues la visión de personas antes que la de “ranking de estudiantes” daría por sentado el acceso de cualquier niño o niña más allá de su condición. Bajo este análisis es que claramente estamos ante sistemas educativos huecos, sin alma y sin corazón, que no aman educar sino que han caído en los egos de ser los mejores colegios, dar la mejor educación o directamente en enriquecerse a costa de vender la ilusión del futuro de un hijo o hija a sus padres.

Cuando un colegio tiene “voluntad” logra éxito en procesos de inclusión, esta afirmación es la que muchos hemos repetido por mucho tiempo cuando vemos procesos de inclusión con buenos resultados para personas en el Espectro Autista, pero tal vez la afirmación correcta es que cuando un colegio logra entender el valor de amar y educar cualquier proyecto educativo inclusivo que implemente seguramente tendrá el éxito buscado (sean estos de carácter cognitivo o de formación personal), es decir que la “voluntad” es sólo una forma de darse cuenta cuando un colegio ama a cada niño que cruza el dintel de sus puertas, entendiendo y aceptando el desafío que cada persona implica, pues todos somos diferentes, todos tenemos necesidades educativas diversas, pero el ver a la persona, su individualidad, su singularidad nos dará pautas para elegir las estrategias educativas necesarias para lograr los objetivos planteados.

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No existen estadísticas para referirnos al efecto del amor en la educación, no hay estudios que puedan medir el amor de una escuela versus el resultado en el tiempo de sus alumnos, pero existen muchas vivencias, realidades, historias que son testigos y documentos vivientes del “efecto del afecto” en la educación de un niño o niña, sea cual sea su condición.

La base de la Educación Inclusiva es re-entrenar el proceso de amor al interior del proceso educativo, pues bajo esta perspectiva el negar el derecho a educarse a una niña o a un niño por tener Autismo deja en evidencia un acto de injusticia, de exclusión, pero en esencia de desamor por el otro.

La educación debe estar basada en el amor, pues cualquier otro elemento de base no puede ser llamada educación, puede llamarse entrenamiento, preparación para la vida adulta, condicionamiento, etc., pero bajo ninguna perspectiva puede llamarse educación.

La educación en esencia es inclusiva, la educación en esencia nace del afecto, de entregar al otro para prepararle para enfrentar la vida con conocimientos y valores, pero con la sustancia del porqué educamos…por amor.

Leonardo Farfán

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Publicado el 04/10/2015 en Poemas de un Caracol. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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